lunes, 1 de abril de 2013

1.

Un día estás sentado en tu puta cama. Te das cuenta que no quieres ser ese peluche al que le falta una oreja a causa de algún que otro berrinche, ni esa estantería que sostiene más libros de la cuenta, no quieres ser la almohada que te aguanta cada noche, ni tan siquiera quieres ser ese cigarro que estás sosteniendo con los dedos. Lo único que quieres hacer es levantarte y salir a toda ostia de esa habitación, abriendo y cerrando todas las puertas que te encuentras a tu paso. No sabes el sitio en el que acabarás, pero si sabes el sitio del que quieres salir. Corriendo, a todo lo que dan las piernas, sin mirar atrás ya que el camino que tienes por delante para ti es más importante que el que vas dejando. Y entonces, te relajas. Miras a tu alrededor y estás solo, al igual que estabas en aquella puta cama.

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